Romper el hilo o dejarse apretar por él

Ay. Imagínense que creí que el amor podía sostenerse en la distancia como una forma refinada de presencia jaja, así como un ejercicio de la imaginación afectiva, supuestamente. Hoy me pregunté si, en ese mismo gesto de querer a la otra persona no confundí intensidad con verdad, deseo con legitimidad, pues no todo hilo que conecta libera, dado es que algunos, sin notarlo, también aprietan.

Descubrí que una parte de mi afecto no nacía sólo de la admiración, entiéndase admiración como imaginación por la cual el alma permanece fija en un objeto, porque la conexión de esa imagen con otras está interrumpida, entonces, una parte de mi afecto era más como de una esperanza silenciosa de ser querido de vuelta, y cuando el amor espera algo pues es cuando deja de ser pura expansión, y comienza el amor a organizarse como carencia, como su contrario, la tristeza, o peor aún, el odio. En este sentido mi querido Spinoza diría que ahí ya no logro yo actuar desde la potencia, por el contrario, actúo desde una forma de tristeza anticipada, donde se da el querer asegurar aquello que no se puede asegurar, o sea, producir en la otra persona un afecto que sólo puede surgir libremente.

Empujar a alguien a quererme, aunque sea con gestos nobles, palabras bellas o cuidados delicados, resulta ser una paradoja moral, es decir, parece amor, pero en el fondo es miedo, miedo a la contingencia, a la indeterminación, a la posibilidad de que el encuentro no se sostenga por sí mismo, como siento que me pasa en ocasiones. Quizá el amor verdadero no consista en construir puentes a cada rato, qué pereza, es más como de aceptar que algunos abismos no están hechos para ser cruzados, sólo están ahí para ser contemplados.

Empiezo a pensar que dar desde el amor no siempre es dar bien, en cierta medida, tal vez haya que dar desde la admiración, desde la alegría que produce la existencia del otro, sin necesidad de retorno, sin convertir el gesto en una inversión afectiva. Es que, sin pensarlo, en ocasiones suelo determinar al amar ya no como un proyecto dentro de la construcción propia, sino es más como acontecimiento, en cuanto algo que sucede o no sucede, pero que no se fabrica.

Si antes veía a la distancia como una alquimia que transformaba la ausencia en algo parecido al deseo, pues hoy la veo, a la distancia, como una prueba de honestidad, y es que, ¿amo a la otra persona o amo la imagen que construí para sostener mi propio equilibrio?, ¿busco encuentro o confirmación?, ¿qué busco?, ¡qué es, qué es? Quizá haya hilos que no se rompen, no lo sé, pero tampoco debería yo tensarlos más de lo que su naturaleza permite, de pronto deba apresurarme a aprender a soltar. Como se ve, no todo vínculo que no prospera es un fracaso, algunos son simplemente experiencias de lucidez, es decir, pueden mostrarnos hasta dónde llega nuestro deseo y dónde comienza la libertad de la otra persona.

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