El otro de la consola, ¿seré yo?
A veces siento como que la vida es una consola de Poly que ha estado encendida desde siempre, pero sin un manual visible. Me la he pasado pulsando botones y reaccionando a estímulos, acumulando puntos simbólicos, lo que sería prestigio, dinero, afectos, derrotas. Y rara vez me detengo a pensar algo más elemental, y es sobre a qué estoy jugando, ocupando un lugar extraño, bifronte, siendo un personaje dentro de la pantalla y, a la vez, jugador fuera de ella. Nadie me dijo que hay una instancia que decide cómo jugar lo que se me dio. Cuando me identifico por completo con la partida, digamos que vivo los golpe como destino absoluto, cada pérdida como aniquilación, las victoria como una garantía metafísica que no existe. Epicteto lo pensó con una claridad que hoy me resulta inquietante, pues, en el Enquiridión propone una distinción radical entre lo que depende de nosotros y lo que no, es decir, no controlamos el mapa, ni los enemigos, ni el azar de los eventos, pero sí controlamos la fo...



